El Grave Peligro de Hacer del Domingo un Día Cualquiera



"El Grave Peligro de Hacer Del Domingo un Día Cualquiera".

                             Pr. Yandy Tour Sánchez.


Queridos hermanos en Cristo, quisiera hacerles una pregunta seria: ¿estamos tratando el Día del Señor con la seriedad que merece?

En medio de las prisas de la vida, el trabajo que no se detiene, los compromisos familiares y las distracciones que nos rodean, algunos creyentes han caído en una "ligereza peligrosa" con respecto al domingo, día del Señor, día de la adoración corporativa. Lo hacen “sacrificable”. Si surge algo “importante”, lo cambian sin pensarlo dos veces. 

Pero ¿qué dice nuestra propia fe sobre eso? Hoy quiero hablarles con el corazón de un pastor, con amor y con la Palabra de Dios en la mano.

LO QUE CREEMOS COMO BAUTISTAS 

En la Declaración de Fe, de nuestra Convención Bautista de Cuba Occidental, el artículo 11 dice así: “El día del Señor es el domingo, porque ese día Jesucristo, al resucitar de los muertos, terminó su obra redentora al igual que el Padre terminó en sábado su obra de creación y se ha de consagrar a la adoración cristiana, privada y pública, a fin de prepararse para ‘el descanso que le queda al pueblo de Dios’.”

Este artículo no es una sugerencia, es una convicción de fe: el domingo es "el Día del Señor", día de consagración, adoración y preparación para el reposo eterno.

LA ENSEÑANZA BÍBLICA CLARA 

La iglesia primitiva lo entendió de esa manera. En Hechos 20:7 leemos: "El primer día de la semana, nos reunimos con los creyentes locales para participar de la Cena del Señor. Pablo les estaba predicando..." (NTV).

El primer día, domingo, era el día habitual para reunirse, partir el pan y adorar. Hebreos 10:24-25 lo refuerza con urgencia: "Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones... Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca" (NTV).

ESTAR EN EL CULTO DOMINICAL NO ES CUESTIÓN DE CONCIENCIA, SINO DE OBEDIENCIA 

Es importante aclarar algo con amor y firmeza: "asistir al culto de adoración en el Día del Señor no es un asunto de conciencia personal, sino de obediencia al mandamiento de Dios". La Biblia no nos deja elegir si nos congregamos o no; nos llama a no abandonar la reunión de los hermanos en la iglesia local.  

La conciencia entra en juego en cómo santificamos el resto del día después del servicio: qué actividades elegimos, qué evitamos y cómo usamos el tiempo para gloria de Dios y descanso en Él. Por ejemplo, una familia puede discernir con libertad si después del culto comparte una comida en casa, camina y conversa del sermón, o realiza una obra de misericordia. Pero el acto mismo de reunirnos para adorar corporativamente es un mandato claro, no es opcional.

CÓMO LO VIVIERON LOS CRISTIANOS DE ANTAÑO 

La iglesia primitiva, a pesar de la persecución, se reunían el domingo para adorar al Cristo resucitado. Esa fue su prioridad y su fuente de fuerza.

Los padres de la iglesia, por ejemplo, Ignacio de Antioquía y Justino Mártir (Siglos II y III), enseñaban que los cristianos ya no guardaban el sábado judío, sino el “Día del Señor”, el domingo, con gozo por la resurrección.  

Más adelante, en la Reforma Protestante, Lutero, Calvino y los reformadores devolvieron al domingo su lugar central como día de predicación, oración y descanso en Dios.  

En los Siglos XVIII y XIX de la historia de la iglesia, los puritanos, los bautistas y metodistas históricos, y en avivamientos como el de Wesley, vivían el domingo con santa reverencia. Para ellos, el domingo era un día entero para Dios, la familia y el descanso espiritual. Muchos testimonios hablan de iglesias llenas, familias unidas y vidas transformadas.

EL DECLIVE ACTUAL: UNA LIGEREZA QUE DUELE 

Hoy, en Cuba y en muchos lugares, vemos cómo el domingo se ha vuelto "negociable". Un partido de fútbol, un turno extra de trabajo, un viaje, el cansancio… y la iglesia queda en segundo plano.  

Esta ligereza no es inocente. Significa que se pone lo temporal por encima de lo eterno. Significa decirle al Señor: “Tu día puede esperar”. Y, sin darnos cuenta, estamos enseñando a nuestros hijos, con el ejemplo, que el Señor no es prioridad.

LOS PELIGROS PARA NUESTRA FE Y NUESTRA FAMILIA 

Hermanos queridos, cuando descuidamos el Día del Señor hay ciertos peligros que nos acechan:

- Nuestra fe se debilita. Hebreos 10:24-25 nos advierte seriamente contra abandonar las reuniones. 

- La comunión con los hermanos se enfría.

- Nuestros hijos crecen viendo que la fe es opcional. 

- Perdemos la renovación espiritual semanal que tanto necesitamos en estos tiempos difíciles.

- El corazón se endurece poco a poco, y la familia pierde ese espacio sagrado de adoración conjunta y descanso.

LOS HERMOSOS BENEFICIOS DE SER LEALES AL SEÑOR 

Por el contrario, cuando tomamos el domingo con seriedad y gozo, hay ciertas bendiciones que nos alcanzan:

- Experimentamos la presencia de Cristo de manera especial en la adoración corporativa.

- Nuestras familias se fortalecen al hablar de la predicación, orar juntos y descansar.

- Recibimos fuerzas para enfrentar la semana.

- Nos preparamos, como dice nuestra Declaración de Fe, para “el descanso que le queda al pueblo de Dios” (Hebreos 4:9). 

UN LLAMADO PASTORAL AL ARREPENTIMIENTO Y A LA ACCIÓN 

Queridos hermanos, si han tratado el Día del Señor con ligereza, hoy es día de arrepentimiento. Dios no busca perfeccionismo legalista, sino corazones que le aman y le honran.  

Te invito hoy mismo a: 

Primero, decidir que el domingo es "Su día", no negociable, especialmente la reunión de adoración. 

Segundo, a separar el sábado por la noche para llegar descansado y alegre a la casa de Dios. 

Tercero, involucrar a toda tu familia. Conversar sobre el mensaje pastoral, cantar juntos, orar. 

Y cuarto, a animar a otros hermanos con su ejemplo.  

Queridos hermanos, ¡volvamos al Señor con todo el corazón! Que nuestras congregaciones se llenen de nuevo de adoradores comprometidos. Que el domingo vuelva a ser faro de luz en medio de la oscuridad. El Señor resucitado merece lo mejor de nosotros. ¿Estás dispuesto a honrarle este próximo domingo y todos los que vengan?

"Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él" (Salmo 118:24, NTV). 

¡Que Dios nos ayude a restaurar la belleza de Su Día!

Un saludo fraternal desde el Calabazar de la Habana.

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